Me despedí de ti, como si nada más me quedará por hacer. Como siempre jamás supe que pensaste, que sentiste y menos quise leer una respuesta, ni menos oírla. Te extrañaré, te extrañaré como nunca, extrañaré todos esos juegos visuales que tu simplemente desplegabas con tu mirada coqueta y esa sonrisa con algo de malas intenciones.
Sinceramente no sé donde sacaste tanta sensualidad, incluso, lo peor, es que pareciera que ni si quiera lo notabas. Sólo te sentabas, te cruzabas de piernas y lo hacías, pero parece que era el único que se daba cuenta. Sólo quería hacer una sola cosa contigo: arrancar el perfume de tu piel con mis labios, hacer tuya mi esencia y quitarte esa mirada para guardarla en mi pecho para siempre.
Pero… adiós, espero que te vaya bien, me hiciste tanto daño. No te odio, pero ojalá no te hubiera conocido nunca, no quería saber que personas como tú eran reales.
Adiós.



